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El Museo consta de dos secciones, Arqueología y Bellas Artes, dedicada la primera a un recorrido por la historia de la provincia, desde el Paleolítico a la Edad Moderna; la segunda muestra fondos artísticos -escultóricos y principalmente pictóricos- entre los siglos XIV y XX; completa el itinerario expositivo una sala con elementos significativos de la evolución histórica de la propia ciudad de Zamora.

 

 

 

 

En el origen del Museo de Zamora, como en el resto de los museos provinciales, se encuentra la obra artística dispersa a raíz de la desamortización, a mediados del siglo XIX. Por tanto, sus colecciones iniciales fueron, sobre todo, pinturas de temática religiosa, de discreta calidad. Pronto se vio la limitación cuantitativa y cualitativa de estos fondos, por lo que se recurrió a donaciones y depósitos de las instituciones locales (Ayuntamiento y Diputación), y de otras instituciones museísticas (Museo Nacional de Arte Moderno, Museo del Prado, Museo Nacional de Escultura de Valladolid), admitiendo, al mismo tiempo, donaciones particulares de artistas o familiares vinculados a Zamora. Así pues, la sección de Bellas Artes, que dio nombre durante cierto tiempo al museo, comprende obras de procedencia y autoría variada, que constituyen una buena muestra de los distintos estilos artísticos que han dejado su huella en la provincia. 

 

 

 


 

 

Los hallazgos arqueológicos han supuesto y siguen suponiendo una decisiva aportación a los fondos del museo: coinciden con la realización de relevantes obras públicas -como la presa de Villalcampo, que deparó un interesante conjunto epigráfico-, o se derivan de hallazgos casuales, relacionados con el laboreo agrícola o con la remoción de tierras. En la actualidad siguen alimentando los depósitos del museo, como resultado de los distintos programas de investigación, o de protección y documentación, dispuestos por la normativa vigente, suministrando de forma continuada materiales significativos para el conocimiento del pasado de esta zona.