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Exposición permanente

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La Visita al Museo

La exposición permanente del Museo ofrece un itinerario por la historia del territorio provincial a través de algunas de sus realizaciones culturales más significativas y cualificadas. Ha sido articulada en siete áreas de conocimiento  en las que el desarrollo cronológico permite ofrecer  otras reflexiones paralelas y recorridos alternativos.

 

La Prehistoria se inicia con los primeros vestigios de la actividad humana, herramientas de piedra del Paleolítico y el Neolítico, que alcanza su apogeo con la excelente muestra de utillaje metálico de la Edad del Bronce, cuyo armamento se representa en el ídolo de Tabuyo del Monte. Los utensilios de la primera y segunda Edad del Hierro nos sitúan ante las condiciones de vida de sociedades cada vez más complejas y adaptadas al medio, que, en los momentos previos a la conquista romana, diferenció a los pueblos vinculados a la meseta celtíbera respecto a los relacionados con la cultura castreña noroccidental. Todos ellos fueron portadores de un rico y suntuoso bagaje material que atrajo a los dominadores latinos.

 

Sometido el territorio, la Romanización inicia un proceso sin retorno que evidencian antiguas ciudades ahora romanizadas como Lancia, recintos militares como León (legio VII gemina), urbes ex novo como la propia capital administrativa Asturica Augusta (Astorga) o explotaciones mineras (Las Médulas), entre otras, que han dejado muestras de un dominio espacial tan estratégico como importante para la economía del Imperio. El final del mundo antiguo, a partir del siglo III d.C, supone una lenta y decisiva transformación en la que nuevos cultos (el cristianismo), nuevas formas de explotación, como las villae (Navatejera o Quintana del Marco, entre otras), gentes periféricas, como los vadinienses, o nuevos pueblos, como los visigodos, protagonizaron cambios de mentalidades y de relaciones de dependencia personal.

 

Durante la Edad Media asistimos al desarrollo de una fase cultural característicamente hispana cuyo centro puede muy bien situarse en León: el mozárabe. De Palat de Rey, San Miguel de Escalada o Santiago de Peñalba cuenta el museo con destacados vestigios, en particular la cruz votiva de esta iglesia berciana. La implantación del románico, al calor del camino de Santiago, tiene en León un foco fundamental como capital del más pujante reino cristiano peninsular: el cristo de Carrizo, es buena muestra de lo dicho. Durante el gótico, la construcción de la catedral animó la actividad artística: retablos, marfiles o tablas flamencas son citas de este momento; mientras otros encargos se decantaban por el arte mudéjar, en decoraciones de interiores y mobiliario de lujo.

 

Durante la Edad Moderna, si la primera mitad del XVI la reedificación de San Marcos trajo a León artistas de gran importancia, entre los que destaca Juan de Juni, que tiene en el Museo algunas de sus mejores obras; las obras de épocas posteriores, en las que León pierde el protagonismo de antaño, provienen en general de conventos desamortizados, señalándose entre ellas algunos conjuntos pictóricos y magníficas tallas como la de san Francisco, de Salvador Carmona, ya en el siglo XVIII.

 

El itinerario del museo continúa por el Mundo contemporáneo, los dos últimos siglos, en los que destaca su rico patrimonio etnográfico y la configuración de un concepto determinante para nuestro modo de entender la cultura: el de Patrimonio histórico.

Finalmente, en un espacio independiente, se ofrece una panorámica sobre la ciudad de León, que incluye uno de los miradores más completos que existen sobre su perfil urbano histórico.

 

 

 

Otros recorridos sintéticos por el Museo de León son:

  • Las obras maestras
  • Las piezas clave
  • Los lugares especiales
  • Las historias especiales


 

 

 

El Monetario y el Lapidario

El excepcional conjunto de monedas y de epígrafes que custodia el Museo congrega ejemplares de la práctica totalidad de tipos y épocas. Ambas secciones adquieren un protagonismo especial en estas dos áreas temáticas, de visita autónoma, en las que ambos testimonios se analizan como receptáculo distinguido de valores culturales.

 

 

 

Se analiza el alcance de la moneda como transmisora de valores ilustrativos, artísticos, materiales, lingüísticos, etc. de honda significación. Y, por otro lado, se consideran los testimonios labrados en piedra como una forma elaborada de escritura de la memoria. Estos son los objetivos de una novedosa perspectiva museística, diseñada con un perfil antropológico, que remata la visita desde una perspectiva diferente.